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Rito
Encendimos el silencio con abrupto golpe de sangre petrificada
en voces de lenguas inciertas y turbias, salinas también.
Hogueras encendimos en otros tiempos, ya remotos ya cercanos;
hicimos figuras de maderas lúgubres, muertas, desprendidas
del árbol arcaico de todos los días en el bosque de la historia.
Caminamos, anduvimos, soltamos el tiempo, lo echamos a andar
silbando tonadas anteriores al sol, a los soles viejos, a los mares antiguos.
Buscamos el refugio perfecto, llamado olvido, que llama al silencio:
hoguera de muerte que refulge en el ardor del sol,
hoguera de muerte que refulge en el ardor del tiempo,
hoguera de muerte que hace sucumbir el mérito de haber muerto.
Somos otros cada vez que somos nosotros mismos:
mariposas, aves, nubes, somos, surcando lo que no somos
mientras el aire penetra, nos penetra con su violenta quietud,
somos también árbol, madera, raíz y tronco, del acto vital llamado
pensamiento existente en cada mañana rutinaria del sol.
Encendimos misterios para otros y en otros somos eso que se enciende:
figuras de agua, heridas de amor y de odio y de lástima y de vanidad,
colmenas de olvido y fuentes de historias muertas igual en la hoguera.
Buscamos el refugio perfecto, llamado enigma, que llama al misterio:
hoguera de vida que refulge en el ardor del huracán,
hoguera de vida que refulge en el ardor de la lluvia,
hoguera de vida que hace sucumbir el merito de haber vivido.
Hoy extinguimos nuestra marcha al extinguirnos, al fragmentarnos,
al abandonar el cuerpo carente de muerte que fuimos para darle vida
a la muerte que hacemos abundante moneda a otros iguales a nosotros.
Vivimos el silencioso asesinato de cada día a nuestro lado,
ese acto llamado cacería ritual del éxito que rompe, que nos rompe,
que sigue rompiendo la muerte que nos espera cada mañana, cada día,
cada segundo que respiramos vida para morir en la muerte.
Buscamos el refugio perfecto, llamado olvido, que llama al rencor:
hoguera de desprecio que refulge en el ardor del aire,
hoguera de desprecio que refulge en el ardor del torbellino,
hoguera de desprecio que refulge en el ardor de las nubes,
hoguera de cada hoguera encendida para alimentarnos.
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